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Historia

Maestra Bravo, pionera científica

Fue la primera mujer bióloga de México, pionera científica y fundadora del Jardín Botánico de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, autora de dos libros, más de ciento setenta artículos, el establecimiento de cincuenta y nueve nomenclaturas, así como sesenta clasificaciones inéditas, una eminencia en la cátedra de flores de las cactáceas, la identificación y clasificación de setecientas especies endémicas de cactus de todo el país.

La mexicana Helia Bravo Hollis mujer de ciencia y bióloga de las más reconocidas en todo el mundo. Lo que ahora es la ciudad de México la vio nacer un 30 de septiembre de 1901 en Villa Mixoac. Fecha que coincidió con el gobierno de Porfirio Díaz, antesala de la revolución de México.

Su padres, Carlota Hollis y Manuel Bravo, junto con toda la familia tenían dominicales paseos por el campestre paisaje del río Mixcoac, ahí la pequeña Helia aprendió a amar a los encinos. Por desgracia, su papá, simpatizante de Francisco I. Madero, fue fusilado cuando la pequeña Helia tenía doce años. Justo un año antes que fuera asesinado el propio mártir de la patria, en 1913.

Irónicamente, quien ordenó la muerte de su padre le envió una felicitación en reconocimiento a su destacado desempeño académico en la primaria. Su amor al estudio no la detuvo, tuvo un excelente mentor, Isaac Ochoterena que sembró su amor a la biología y terminó el bachillerato en 1919, en la Escuela Nacional Preparatoria.

Como la carrera de Biología estaba abierta, estudió Medicina. Ya en 1921 escribió su primer artículo Monografía de Hydatia senta, con reconocimiento científico, en la Revista Mexicana de Biología.

Se casó con su compañero de carrera, el reconocido neurocirujano, José Clemente Robles, no tuvieron hijos y se divorciaron sin registrar descendencia. Concluyó la Maestría en Ciencias Biológicas en 1931 al recibir su título con la investigación en tesis de grado “Contribución al conocimiento de las Cactáceas de Tehuacán”. Ella es la primera mujer en la historia de México con un título universitario como biólogo.

Un año después de ser invitada a trabajar en el Instituto de Biología se convirtió en la jefa de Botánica y titular del herbario. Era una mujer muy serena, que mostraba pasión por los cactus y suculentas.

Le llenaba de orgullo que le llamaran la “maestra bravo”. Incansable se dividía entre sus clases a diferentes instituciones académicas, entre ellas la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional en Tacuba y la investigación en el centro de biología de la UNAM. Codeándose con eminencias naturalistas como Faustino Miranda, Maximino Martínez, Eizi Matuda (Matsuda Eiji, de origen japonés) y su propio maestro Isaac Ochoterena.

Esta luchadora del conocimiento impactó a las mujeres que la rodeaban, su hermana Margarita se enfocó en la investigación sobre gusanos, su amiga la entomóloga, Leonilda Vázquez y Agustina Batalla que dedicó su estudio a la botánica.

Incansable recorrió sierras, montañas y desiertos, testigo de las desigualdades sociales y luchadora por los derechos humanos y naturales. A los 90 años, le enojó mucho jubilarse, más que por sus excelentes capacidades mentales, sino por una severa artritis que le impedía, además de causarle mucho dolor, moverse. Murió, 4 días antes de cumplir los 100 años, un 26 de septiembre de 2001.

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